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Mostrando entradas de abril 11, 2012

De novelas juveniles y vergüenza ajena

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Hace unos días leí un curioso artículo de opinión escrito en la edición digital del NY Times por uno de sus columnistas. Me llamó la atención porque se titula “Adult Should Read Adult Books” (es decir, que los adultos deben leer libros para adultos). Me puse a leerlo creyendo entender por dónde iban a ir los tiros y he de decir que di en el clavo, pero con gran sorpresa por los argumentos que se daban en favor de la idea que transmitía el artículo. La idea básica era que los adultos deben leer libros para adultos dejando de lado los libros juveniles ya que éstos no aportan nada digno ni debemos perder el tiempo con ellos ahora que somos mayores y no estamos en el sector de edad para el que han sido escritos. Y, si nos gusta leerlos, es porque no tenemos cultura para los libros “que de verdad importan”, con los que “de verdad se aprende” y porque nos hemos quedado mentalmente en el sector de edad de los libros juveniles. Dejemos, decía más o menos el artículo, los amoríos y las aventurill…

De novelas juveniles y vergüenza ajena

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Hace unos días leí un curioso artículo de opinión escrito en la edición digital del NY Times por uno de sus columnistas. Me llamó la atención porque se titula “Adult Should Read Adult Books” (es decir, que los adultos deben leer libros para adultos). Me puse a leerlo creyendo entender por dónde iban a ir los tiros y he de decir que di en el clavo, pero con gran sorpresa por los argumentos que se daban en favor de la idea que transmitía el artículo. La idea básica era que los adultos deben leer libros para adultos dejando de lado los libros juveniles ya que éstos no aportan nada digno ni debemos perder el tiempo con ellos ahora que somos mayores y no estamos en el sector de edad para el que han sido escritos. Y, si nos gusta leerlos, es porque no tenemos cultura para los libros “que de verdad importan”, con los que “de verdad se aprende” y porque nos hemos quedado mentalmente en el sector de edad de los libros juveniles. Dejemos, decía más o menos el artículo, los amoríos y las aventurill…